Fundación Casa Museo Luis Eduardo Ayerbe Gonzalez

POPAYÁN

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MUSEO DE COLECCIONES

Popayán - Colombia

COLOMBIA

La consolidación de un “clásico moderno”: oscilaciones entre lo universal y lo local

El acontecer creativo del Negret que retornó al país en 1963, luego de casi quince años de ausencia, se vio oportunamente enriquecido, por el poderoso influjo que sobre él ejercía la enrevesada geografía nacional, junto a su exuberante flora; a partir de las cuáles, surgieron las memorables series de “Los Andes”, “Metamorfosis”, “Árboles”, “Escaleras”, “Puentes”, “Flores”, “Acoplamientos”, que no sólo entraron a formar parte de muchas colecciones de museos de arte moderno de país y el continente; sino también, a dinamizar espacios abiertos como plazas, atrios o fachadas de edificios, tanto públicos como privados.

De este período data precisamente, su monumental escultura “Vigilante”, instalada bajo su atenta dirección, el 6  de julio de 1979, en la Plaza de Armas del Palacio de Nariño, en Bogotá. Al respecto, el periódico El Tiempo, registra las anécdotas que rodearon el traslado de la obra, desde el norte de la capital, hasta el tradicional barrio de La Candelaria:

Toda una odisea significó el traslado de “El Vigilante”, del maestro Edgar Negret, desde el taller de su casa en Santa Ana de Usaquén, hasta el Palacio de Nariño […] Realizada en diez módulos de láminas de acero dobladas y pintadas del rojo característico, la obra –de 3 metros de alto por 5 de ancho- fue enhuacalada y transportada en un inmenso camión, tan grande que no pudo pasar por debajo de los puentes de la Avenida 26. Cuando finalmente llegó a destino, “El Vigilante” fue bajado por diez hombres que, como si se tratara de un paso de Semana Santa payanesa, lo trasladaron en andas hasta el sitio que ocupa, junto a la derecha de la entrada principal del Palacio de Nariño (costado norte). En contraste, a la izquierda se colocará una obra precolombina, la réplica de la escultura agustiniana de El Búho[1].

En conmemoración de la instalación de esta obra, la Administración Postal Nacional emitió el 26 de febrero de 1980, una estampilla de $25, con la imagen litográfica de la escultura en mención. La original No. 0431 forma parte de la presente exposición.

Polémicas y éxitos



En 1980, sucedió un hecho sintomático de la polarización cultural que se vivía en el país, agenciada por bandos de corte “tradicionalista” y otros más “renovadores”. Ese año, por invitación del Gobierno Nacional, Negret realizó la maqueta del denominado “Monumento a Simón Bolívar”, en conmemoración del sesquicentenario del nacimiento del Libertador. El proyecto contemplaba la realización de una gigantesca escultura transitable en hormigón, de 35 metros de altura, con una dimensión de 80 metros de largo y ancho; sobre una plaza ceremonial de 200 metros, por 200 metros de longitud, que estaría ubicada frente al Temple Eucarístico del Parque Simón Bolívar de Bogotá, construido entre 1966 y 1968, por la firma de arquitectos Cuellar Serrano Gómez.

Cuando las noticias sobre el proyecto comenzaron a circular en agosto de 1980 a través de los medios de comunicación; la Academia Colombiana de Historia, en cabeza por ese entonces de Germán Arciniegas, se opuso ferozmente a su construcción, pues según él:

[…] El monumento tal como está proyectado deshumaniza a Bolívar y que lo que debe hacer es mostrar a un hombre de carne y hueso, que en Colombia brincó (sic) de la derrota a la gloria. Eso sería más interesante que cualquier abstracción[2]

En respuesta a las aseveraciones de Arciniegas, uno de los defensores del proyecto, el periodista Daniel Samper Pizano, publicó en el periódico El Tiempo, un artículo titulado “Un Bolívar de Baratillo”, en el cual presentaba con su característico estilo narrativo, su elaborada justificación frente a la construcción de la obra:

“[…] Negret tiene solo un problema: cuando quiso hablar de Bolívar en una escultura –que es como hablan los escultores- se olvidó de obtener el carné laminado que expide la Academia de Historia, previa aprobación del solicitante, a todos lo que quieran nombrar a la patria o a sus héroes. Omitió Negret este requisito y los académicos no lo han perdonado. Moviendo sus influencias en gobierno y prensa –que no son pocas, porque en ambos suele ser penetrante el olor a naftalina- han logrado tachar de esperpento y de elevado e innecesario gasto el del monumento a la gesta bolivariana concebido por Negret”. [3]

Finalmente, a pesar de contar con muchos simpatizantes en el medio artístico nacional, el monumento no llegó a  materializarse y el escultor decidió donar las cuatro maquetas del mismo, a distintos museos del país.

Su consagración, entre rombos y estrellas


Pese a esas desafortunadas e inverosímiles polémicas, desde que Negret regresó a suelo colombiano, su obra entró paradójicamente en un intenso proceso de internacionalización –iniciado a finales de la década del 60-, en el que aparte de sus características esculturas, de manera singular salen a la luz, un sinnúmero de trabajos serigráficos, en los que la interacción entre el vacío, la forma y el color, serán la constante ese periodo, al que pertenecen las serigrafías que forman parte de esta exposición.

[Serigrafias, Edgar Negret]


El mencionado proceso de internacionalización, se expresó puntualmente en cientos de exposiciones individuales y colectivas efectuadas a lo largo y ancho del planeta, que fueron acompañadas de significativos reconocimientos, como el Primer Premio del XV Salón Nacional de Artistas de Colombia (1967); el Gran Premio de Escultura David Bright de la XXXIV Bienal de Venecia (1968), o la Beca Guggenheim que le fue concedida en Estados Unidos en 1975, y gracias a la cual, desarrolló un singular trabajo estético-etnográfico dentro de la nación indígena Navajo, gran antesala para la poderosa experiencia espiritual que ya en los años 80, experimentó en el Perú, y que en palabras del crítico venezolano José María Salvador, fue en donde Negret,

 


“Intuyó que ya no necesitaba buscar, como antes, sus temas, su morfología y sus significados en el mundo anónimo y universal de la máquina y de la naturaleza cotidiana: entendió que sus nuevos temas, formas y significaciones debían provenir en lo sucesivo de la fabulosa cosmogonía y la original mitología de los incas, de la profunda simbología de los pueblos precolombinos, de su extraordinaria producción cultural. [Así], sobrecogido por el descubrimiento de las primigenias culturas prehispánicas, y para colmo, fascinado ante la perspectiva de su parcial y remoto parentesco con los incas, Negret sintió de repente que en su obra cedían no poco las preocupaciones estéticas, para dar cada vez más, mayor cabida al contenido simbólico, a las intenciones mágicas, a la orientación decidida hacia la realidad trascendente y sobrenatural”[4].

Es así como al filo del nuevo milenio, el gran artista caucano, concibió una escultura monumental en hierro pintado, denominada “Doble soporte” (Tierradentro, rombos y estrellas: 800 cm x 140 x 140 cm), la cual fue ubicada en el año 2000, en la plazoleta posterior del edificio “Edgar Negret”, en inmediaciones del histórico puente republicano del “Humilladero”, en Popayán. La publicación realizada por la Lotería del Cauca ese mismo año, para ser distribuida durante el acto de inauguración de la obra, forma parte del material de referencia, consultado en esta investigación curatorial.

[Separata “Edificio Negret”]


Su contante deseo de conexión con lo telúrico, propiciará la última gran inflexión en su obra. El “maestro de la modernidad”, cederá ante la sinuosidad y policromía de la “Fiesta Andina”, y surgirán de pronto, las singulares series de “Espejos de Agua”, “Terrazas”, “Quipus”, “Deidades”, “Relojes Solares”, “Calendarios”, a partir de los cuales se comenzará a cerrar el ciclo creativo y vital de este extraordinario escultor, quien antes de entrar en la etapa final de silencio, manifestó –en sintonía con su también incesante búsqueda trascendente- que siempre tuvo la certeza de que para él, “la divinidad, debe ser eso, la geometría”[5].
Referencias
  • [1] Obras de arte para Palacio. El Tiempo. 13 de julio de 1979, p. 8
  • [2] CASTAÑO, Oscar. Información: “Académicos de la historia martillan a Edgar Negret”. En: El tiempo. Bogotá (4 ago 1980).
  • [3] BARNEY CABRERA, Eugenio. Geografía del arte en Colombia. Cali: Programa editorial Universidad del Valle, 2005. Pág.: 261
  • [4] SALVADOR, José María. Negret: de la maquina al mito. http://eprints.ucm.es/7584/
  • [5] Negret, cada obra una aventura. http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12350040

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10 comentarios en “La consolidación de un “clásico moderno”

  1. Gracias por este impecable y bien documentado trabajo. Recordar a Negret ,agradecer y profundizar en su obra nos lleva a entender su inteligencia , sabiduría ,creatividad y amor por el arte. Negret es grande entre los grandes. Un honor para Popayán tenerlo entre sus hijos.

  2. es un orgullo para mi, haber sido un sobrino, hijo de ana luisa, su hermana, con narices similares y a quien quiso mucho. su obra en esta muy completa coleccion, es un honor poerla apreciar y guardar para que mis hijos sepan apreciarla y saber quien fue este gran artista.

  3. ADMIRADOR SE SIEMPRE DE EDGARD NEGRET, ENCUENTRO UN ENORME VACIO QUE DEBERIA SER LLENADO Y ES EL DE QUE NO HE PODIDO OBTENER UNA RESEÑA DE LA TOTALIDAD DE SUS MULTIPLES. GRAN LABOR SERIA QUE EL MUSEO PUDIERA POCO A POCO LOGRAR ESA COLECCION

  4. Como ingeniero, reconozco que la obra de Negret desborda el manejo de materiales, dandole formas muy creativas y coloridas que armonizan con los lugares en donde se encuentran

  5. Felicitaciones a la dirección, curaduría y demás personas que trabajaron en esta maravillosa exposición virtual sobre la vida y obra de uno de nuestros grandes artistas. Magnífica oportunidad para que las nuevas generaciones conozcan su legado.

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