Fundación Casa Museo Luis Eduardo Ayerbe Gonzalez

POPAYÁN

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MUSEO DE COLECCIONES

Popayán - Colombia

COLOMBIA

“Cristo caído recogiendo la túnica después de la flagelación”.

La iconografía que nos muestra esta bellísima imagen neogranadina, probablemente de finales del XVII o siglo XVIII, se refiere a un episodio de la Pasión desarrollado por los Evangelios Apócrifos, que no recoge ninguno de los cuatro evangelistas, cuyos textos únicamente aluden a los “azotes” sin mayor desarrollo de acontecimientos posteriores. A pesar de la desvinculación de los Evangelios oficiales, son múltiples los autores bajomedievales y de la edad moderna que propugnan la meditación de los fieles sobre este patético trance. Según observamos, la escultura nos muestra a Cristo caído apoyado sobre manos y rodillas, rendido después de la brutal flagelación, en un instante en el que toma aire antes de recoger las vestiduras e incorporarse. Quizás la primera en dar cuenta de este episodio y mostrar su potencial místico fue Santa Brígida de Suecia en sus “Celestiales revelaciones”, del año 1377. A la visionaria sueca le suceden numerosos ascetas y místicos entre los que destacan San Buenaventura, cuyas “Meditaciones sobre la Pasión de Cristo” adquieren notable difusión a partir de sus ediciones impresas desde finales del XV. Otros escritores místicos insisten en el potencial conmovedor, capaz de hacer vibrar la fibra sensible de los fieles, como fueron a lo largo de los siglos XVI y XVII, San Pedro de Alcántara, Juan de Padilla, Sánchez del Campo, Bernardino de Laredo, Antonio de Aranda, Juan Basilia Santero, Luis de la Puente, Martín de la Madre de Dios, etc. El Cuerpo de Cristo lacerado, sangrante, con la espalda destrozada por la brutalidad del castigo, el rostro sudoroso y desencajado, la dificultad para mantenerse en equilibrio, constituyen elementos de máxima conmoción y abstracción para los fieles. En la propia Nueva Granada encontramos avezados oradores que compusieron sermones centrados en los distintos trances de la Pasión, como fue el caso del padre Antonio Osorio de las Peñas, en cuyo repertorio de sermones “Maravillas de Dios en si mismo” (1668), incluye uno dedicado a los azotes sufridos por Cristo y las sanguinolentas heridas resultantes, prueba de la actualidad de tales recursos piadosos y su expresión iconográfica en el territorio indiano.

El jesuita español Diego Álvarez de Paz (1549-1620), autor de una guía para la meditación impresa en 1619, expresaba en estos términos el doloroso momento: 

“Azotado crudelísimamente, oh dulcísimo Jesús, fuiste soltado de la columna y caíste en tierra a causa de la debilidad. Pues habías quedado tan machacado y exhausto de la multitud de azotes y del derramamiento de sangre que no podías tenerte en pie. Te contemplan en este paso las almas piadosas arrastrándote por el pavimento, barriendo con el cuerpo tu propia sangre y a punto de recoger las vestiduras esparcidas acá y allá”.

Precisamente las prácticas de la espiritualidad jesuítica, con los célebres ejercicios espirituales ignacianos, el contundente efecto de la llamada “composición de lugar”, sacaría en la Nueva Granada y toda América mucho partido de imágenes conmovedoras y realistas como la aquí tratada. Las meditaciones y ejercicios de los seguidores de San Ignacio tenían en Cuaresma y Semana Santa ocasiones idóneas para la introducción del pueblo en estas prácticas meditativas que le conmovían y generaban sentido de culpabilidad por los tormentos que sufre el Hijo de Dios. Nada debe extrañar la abundancia de esta iconografía en todo el actual territorio colombiano y otros países americanos como México, Guatemala, Bolivia, Perú. Fue un tema abundantemente tratado en España, en virtud de la empatía que era capaz de procurar, recordemos las pinturas de esta temática asignadas a Alonso Cano o Murillo, así como algunas esculturas de gran trascendencia artística y devocional, especialmente las andaluzas, como el “Cristo del Mayor Dolor de Antequera, el de idéntica advocación de las Carmelitas Calzadas de Granada, etc. La literatura mística sirvió de apoyo argumental a tales representaciones y la difusión mediante estampas, pinturas, pequeños cobres, esculturas, garantizaría el éxito de esta imagen y sus variantes.

La obra que nos ocupa de la Casa Museo Luis Eduardo Ayerbe de Popayán sigue la iconografía de los modelos andaluces, si bien su originalidad formal en cuanto a anatomía sumaria, rigidez de brazos, piernas y cuerpo, insistencia en las descarnadas heridas, advierten de los rasgos propios de algún taller neogranadino bien experimentado en los signos de los tormentos pasionales, que pudiera estar regentado por un escultor de ascendencia indígena. Sin embargo, la falta de corrección técnica no resta acento expresivo, especialmente en lo que a patetismo se refiere, sin rayar lo escabroso pues un inequívoco afán de belleza envuelve la obra, sobreponiéndose a lo dramático.

Sin duda, esta excelente escultura de tamaño académico, pudiera haber sido realizada en período del pleno barroco, a finales del siglo XVII o principios del XVIII, para atender a las indicadas prácticas ascéticas y devocionales, en alguna iglesia doctrinera del Nuevo Reino de Granada o incluso en un oratorio privado. Las formas un tanto arcaicas y las señales del martirio nos recuerdan los postulados estéticos de la escultura gótica, sin que pueda descartarse la inspiración, por parte de su autor, en alguno de los numerosos crucificados sevillanos de rasgos tardogóticos, llegados al Nuevo Reino en la primera mitad del siglo XVI. Así parece sugerirlo el rostro y la cabellera, cuyos mechones no adoptan la lógica caída de la inclinación de la cabeza.

Francisco Javier Herrera García

Universidad de Sevilla (España).

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Cristo Caido
Obra de Arte
Juan Carlos De Fex

“Cristo caído recogiendo la túnica después de la flagelación”.

La iconografía que nos muestra esta bellísima imagen neogranadina, probablemente de finales del XVII o siglo XVIII, se refiere a un episodio de la Pasión desarrollado por los Evangelios Apócrifos, que no recoge ninguno de los cuatro evangelistas, cuyos textos únicamente aluden a los “azotes” sin mayor desarrollo de acontecimientos posteriores. A pesar de la desvinculación de los Evangelios oficiales, son múltiples los autores bajomedievales y de la edad moderna que propugnan la meditación de los fieles sobre este patético trance. Según observamos, la escultura nos muestra a Cristo caído apoyado sobre manos y rodillas, rendido después de la brutal flagelación, en un instante en el que toma aire antes de recoger las vestiduras e incorporarse. Quizás la primera en dar cuenta de este episodio y mostrar su potencial místico fue Santa Brígida de Suecia en sus “Celestiales revelaciones”, del año 1377.

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Exposición
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100 Años de Edgar Negret

En el marco de los 100 años del natalicio del Maestro Edgar Negret Dueñas, la Fundación Casa Museo Luis Eduardo Ayerbe González, en alianza con La Fundación Universitaria de Popayán, presentan la exposición virtual: «LEGADO DESCONOCIDO» que comprende obras inéditas del Maestro Negret, acompañadas de una narrativa artística de su historia y sus mayores influencias.
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Admírela a partir del 1 de Julio a través de la página web http://casamuseoayerbe.co/negret-legado-desconocido

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